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miércoles, 5 de septiembre de 2012

colores


Blanco. Sereno y tranquilo, un pequeño orbe de paz que gira y gira salpicando creatividad. En un momento mi mente se pone en marcha y me abstraigo del mundo para presenciar el divino espectáculo de vida y de muerte, de creación y destrucción que tiene lugar en mi cabeza. Es tal ese frenesí que, en mi Soberbia interior, siento que me elevo tanto que llego hasta ver a dios por debajo del hombro. Floto en ese mar de ideas, en ese lugar donde mil historias se tejen al instante frente a mis ojos. Cabalgo por los vastos prados de la imaginación en aras de la catarsis, en aras de un ápice de paz.

Rojo. Pero de pronto siento que me invade el pecho algo que no sabría explicar, una presión interior que sube mi ritmo cardíaco, que me hace respirar más fuerte y que nubla mi mente. Siento que en mis venas hierve ácido y que en mi cabeza se detiene todo ese frenesí de creación. Siento la Ira visitándome. Todo se tiñe de rojo y llega el caos. El fuego está por todas partes y los demonios que siempre creo haber vencido, vuelven y me rasgan las entrañas. Me hundo en  un mar de azufre, cada vez más y más.

Verde. Cuando recupero mi “consciencia interior” aparezco, como siempre, abatido sobre un campo de fresco verde, rodeado de cenizas. Ese campo verde de desolación, lleno de cráteres de mis anteriores caídas de la vida, de esperanza machacada, mi recoveco. El viento revolotea y mece la hierba antes de llegar hasta mí como un soplo fresco de alivio para mis delirios. Permanezco tumbado a la vera de la Pereza, mirando al firmamento y rogando a los dioses con sordas plegarias que el velero de mi vida llegue, por fin, a buen puerto.

Negro. Por la mañana despierto con los músculos engarrotados, el estómago girado y la boca seca, con la lengua pegada al paladar. La cabeza me va a estallar y solo el humo y la penitencia silenciosa calman ese instinto asesino que despierta en mí esa desgraciada imagen que me devuelve el espejo. Cuando enciendo el cigarro y trago el humo noto como éste baja por mi tráquea y se expande violento, como una estampida en mis pulmones; es entonces cuando noto que falta algo. No tengo ningún cáncer que me mata lentamente, ni soy huésped de parásitos que me devoran pero esta noche hay algo en mí que ha muerto. Un mordisco de la cruda realidad que me era necesario. Palabras, palabras vacías que ya me conozco y se las lleva el viento.

¡Extraña y desconocida tú seas y muera para siempre quien alguna vez creyérase poeta! 

martes, 15 de mayo de 2012

#RABIA



Cuándo no estoy lúcido, cuándo no estoy inspirado y no me gusta lo que escribo, no por lo que cuento sino por como lo hago; cuándo no encuentro armonía en el orden de las palabras de mi cabeza ni ferviente pasión en el caos de mi corazón me ahogo de pena. Siento que me asfixio y, si normalmente no encuentro motivos en este sinsentido, en esas ocasiones en las que me repugnan mis letras dejo de sentir la vida en mis venas. Es entonces cuándo, con ferviente masoquismo, consciente y convencido miro a los ojos a todos mis demonios. Me sumerjo en ese mar llamado internet y entre su inmensidad sé encontrar rápido lo que busco. Con viva ansia observo y entiendo, y pienso, y de repente estalla dentro de mí un violento dolor, que así es como imagino yo la muerte. Mi corazón late deprisa1 e incansable, la sangre arde en mis venas y me cuesta respirar. Los músculos de mi cuerpo se contraen con furia y mi mandíbula se aprieta fuerte, tanto que me duele. En medio de esa agonía siento que mi pecho va a estallar y si lo hiciera lo mancharía todo de dolor. Y entonces escribo toda esa locura que siento, hago tinta todo ese dolor y mastico la rabia. A veces, posiblemente más veces de las que creo, soy despreciable. Soy malo en esencia, pura maldad, por hacer estas cosas que hago, por pensar lo que pienso y por actuar como actúo. Ésta, mi demencia interpreta libre cosas que nadie le explica. Cabalgo a lomos de un incandescente potro llamado Rabia, me alimento de la tristeza de mi ser y cuando duermo descanso mi cabeza sobre la almohada del miedo. Porque, a pesar de que hago todo esto completamente consciente, cuando caiga la noche sé que mi subconsciente me atormentará con la peor y más horrible de las torturas2. Ella.

1 – Demasiado.
2 – Posiblemente la única que me afecta a día de hoy.


Nota: Debo reconocer que he "palpado" la catarsis mientras escribía esto.

jueves, 10 de mayo de 2012

estoyHARTO

Estoy harto de los "no" y las alternativas que no llevan a ninguna parte. Estoy harto de que no paren de mostrarme puertas que se cierran en mis narices. Estoy harto de tantos cambios vertiginosos, de prepararme concienzudamente para algo que jamás llegará. Giros de ciento ochenta grados constantemente, inestabilidad, dudas. Noruega, Finlandia, ¿Austria? Ya no lo sé. Estoy harto de no saber que hacer. Ya estoy harto de perder el tiempo, de perder las cosas; de perderlo todo y no poder hacer nada...