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domingo, 26 de abril de 2015

el camino

Viajé tan al oeste que creía que la vida se me agotaría antes de llegar al final. Cuanto más andaba, más parecía alejarse mi incierto destino. Caminé hasta que mi cuerpo se agotó, mi mente empezó a desfallecer y mi espíritu se agotaba. 
Así fue como, fatigado, con las botas hechas jirones y la voluntad quebrada, llegué finalmente a un riachuelo que corría por las faldas de unas brumosas montañas. Me detuve, con gran sosiego, en la orilla de aquel riachuelo de agua límpida y fresca. Me deshice de lo que quedaba de calzado en mis pies y hundí éstos en el agua elemental que corría. Sentí de pronto un gran placer en el alma y alegría en el corazón. 
Ya reposado me dejé caer sobre la hierba, que era tan verde que parecía que el húmedo y frío olor que se apropiaba de mi nariz provenía del mismo color más que de la propia  hierba. Una niebla señorial cubría las montañas solemnes que se alzaban sobre mi cabeza. El cielo se despejó rápidamente, como si una brisa secreta se hubiera llevado las nubes para mi caprichosa contemplación. Disfruté entonces de la infinidad de estrellas que la noche me ofrecía y me dormí.
Amanecí al día siguiente reconfortado de mis dolencias, aliviado de mis pesares; revitalizado. Sostuve aquel momento durante un largo instante, me alcé y retomé mi viaje. Sólo cuando encontré y llegué dónde me dirigía entendí que fue entonces el propio camino, y no mi sola voluntad, quién me permitió recorrerlo.

domingo, 18 de mayo de 2014

combustiones al final de una noche

Esto no es más que una noche de sábado cualquiera materializada en un papel, un engendro, un experimento. Un sinsentido, vaya.

Finalmente, en el borde de la carne
bebía la fresca leche
directamente, en cualquier tugurio sucio,
con un maestro de la muerte
que no existiera o existió jamás.
Pronto pierdo el único motivo
que hoy mueve el mundo: es ése mi emoción.
Hoy te abres ante mí,
lasciva en tu milagro
para guiarme en mi camino.
Ahora que soy capaz de todo
me siento quimera, y para mí
eso es lo único que cuenta.
Incluso el cielo grande y azul
que sus cosas me ha enseñado
me persigue siempre hasta la derrota
para que en el tiempo venidero
cambie yo a la muerte.
Pregunto antes de volver envuelto,
sobre ese mitificado regalo,
ese legado una vez sin dueño.
Voy purgando mi nombre,
porque de verte mis sueños terminan,
cuando debería estar yo
y, sin embargo, solo estás tú.
El tiempo transcurre en mi paladar,
dónde encuentro los sabores del mundo.
Yo ya no tengo ninguna importancia;
solo soy una cáscara rugosa y vieja.

miércoles, 5 de marzo de 2014

sin título #04

Escribí poemas,
pequeñas estrofas
que nadie leyó
y nadie leerá jamás.
Me siento por ello
afortunado, anónimo;
sin ganas, ni ánimo.
Describo con torpeza
lo que me parece bello
y cuento los días
que pasan sin más
por momentos de ensueño.
Borracho soy,
y así me encuentro.
Borracho estoy,
pero disculpe,
porque no lo siento.

sábado, 26 de octubre de 2013

yo, que soy

Soy tan solo un hombre
de esos que están muertos
- y lo saben-
ajenos de la vida,
que sueñan que están vivos
en cada nuevo despertar.

lunes, 14 de octubre de 2013

*primer día superado!

olor a hierba en mis manos,
duelos de gigantes contra enanos,
hermanos abrazan hermanos,
amigos flotados, muy fumados.
somos soñadores que siempre soñamos
que los buenos al fin mueren
a manos de los malos.

bang, bang!

martes, 10 de septiembre de 2013

El maldito Horacio

El amor es una maldición de todos, pero sobretodo de los que no decidieron amar, pues es sobre ellos sobre los que más pesa las candentes losas de su penitencia. Es aquél que jamás amó a los otros, salvo a sí mismo, queriendo y respetando a los demás sobre el que un día, dicen, cayera el embrujo del amor. Horacio, llamémosle al infortunado aojado, conoce a Ondina, llamémosla a ella, y siente de repente una convulsión en su pecho, una corriente que recorre su espalda de arriba abajo y una obnubilación general. Desde entonces ellos compartieron ese amor que Horacio, candoroso y embelesado sintió temprano como una bendición. Y nada más lejos de la verdad, todo aquel tiempo que disfrutaron de esa dicha que les fue entregada, de la suerte de convivir juntos sus días y sus noches de pasión, para Horacio aquello era lo mejor que le había ocurrido en su vida y no tardó en sentenciar: “Jamás he sido más feliz…”. Y así era. Pero en el fondo de su ser, en un pequeño recoveco de su alma había algo que añadía siempre a su regia sentencia: “… y seguramente jamás llegue a serlo”. Asumía por tanto, sin querer reconocerlo, que había alcanzado una especie de máximo de felicidad que difícilmente podría superar.
Al principio poco le preocupaba, pues Ondina le procuraba todos los placeres que él pudiera imaginar. Sabía que no era la más bella, ni la más lista, pero para él, hasta la mismísima Afrodita debería agachar la cabeza ante la belleza de su amada y la sabia Atenea buscar consejo en sus palabras.

Pasaron así los días y las semanas. Las semanas se amontonaron y tornáronse meses, los cuales se consumieron en años. Dos o tres pasaron hasta que, como suele ocurrir cuando no puedes pensar con claridad, Horacio y Ondina se dieron cuenta de que su amor se marchitaba, pero, tal vez, por miedo a acelerar su proceso, por pereza o cuál quiera que fuera el motivo (o los motivos) todo fue disolviéndose poco a poco y todo aquel amor, aquel compartir y aquella felicidad terminó.

Horacio lloró, maldijo, se enfadó, se apiadó, intentó comprender, pero el amor es un pensamiento del corazón, algo en otro nivel de raciocinio de lo que puede entender nuestro cerebro. Pasados muchos meses, buscadas muchas excusas Horacio, tras mucha batalla contra el más vil y peligroso de todos los pecados, la Pereza, y la desidia consiguió de nuevo recuperar las ganas de vivir y recogió las riendas de una vida que había maltratado y pisoteado a base de alcohol, drogas, sedentarismo e ilusiones y promesas que jamás debió hacerse. Por aquel entonces ya hacía demasiado tiempo de Ondina, ya apenas la veía, apenas sabía de ella. Al principio eso le horrorizaba, pues no sabía que era peor, si el punzante desconocimiento de su vida sin él o conocer verdades que seguramente no estaría preparado para soportar; o peor aún, mentiras que pretendían ser verdad para intentar no herirle. Piedad podrida, un espejo dónde reconocer sus debilidades y miedos. Con mucho esfuerzo consiguió dejarlas pasar y que el tiempo se las llevara mar adentro en el océano de la memoria. Poco a poco se fue despojando de aquello que no le propiciaba ningún bien, ningún beneficio e incluso ningún mal. Casi todo fue capaz de dejarlo ir, pero había algo que se resistía. Algo anclado a su alma y que seguramente solo la muerte lo libraría de ello; pues por mucho que lo intentaba había algo dentro suyo que impedía borrar las huellas de Ondina y su legado. La desazón, incluso el dolor que le propiciaba cualquier recuerdo de Ondina, por fugaz y vago que fuera, le producían un efecto similar al simple hecho de pensar en olvidar por completo a su antigua amada. Comprendió pues que esa era la condena por sus hechos, el precio que debía pagar por toda aquella felicidad gratuita de la cual disfrutó años atrás. Seguramente, en ese contrato no escrito que es el amor había una clausula en letra diminuta que advertía de este coste y que nadie, jamás, leyó. La bendición se convirtió en maleficio, aunque lo más probable, y lo que Horacio piensa, es que siempre lo fuera.

*ni me he molestado en releerlo.

viernes, 9 de noviembre de 2012

pinchazos en mi cabeza


Un pinchazo en la cabeza, una aguja invisible que se introduce por la parte trasera de mi cráneo y me taladra el cerebro. Lobotomía. No sabría explicar el porqué de esta dolencia, pero creo (o al menos quiero creerlo) que, como muchas otras veces, mi cuerpo ha detectado que estoy llegado a una situación límite, cerca de rebasar el punto de no retorno y solo intenta eliminar una tortuosa parte de bonitos recuerdos. Vida y Muerte, dos hermosas hermanas, dos flores rojas con espinas, tan delicadas como fieras y salvajes. La enfermiza animadversión que le tengo a la vida tan solo es comparable al miedo que le tengo a la muerte. Tan solo quiero ahogarme en un mar de whisky, pudrir mis pulmones con el humo, mutilación del espíritu, caos: autodestrucción. Quiero morir cada noche en un tumulto de dolor, emborracharme del llanto de sentimientos rotos y sentir mi alma desgarrarse; hacerme jirones de pena, mil heridas que sangran. Quiero morir como hombre, caer en el pozo del olvido, descansar y perderme en la oscuridad de tu pelo bajo la mirada de la luna para poder renacer de nuevo con cada amanecer. Pequeño, indefenso pero invulnerable. Sentirme de nuevo en la cálida matriz de una mujer y gestar, madurar, convertirme en una idea volátil, difusa, poco concreta pero firme.
Morir cada noche para renacer por la mañana. Vivir mil vidas en esta carcasa en descomposición con la esperanza de aprender a interpretar mi papel en el gran teatro de la vida. Quiero sentir la libertad de la muerte para disfrutar del júbilo de simplemente existir y saborear las delicias de la belleza.

Y cuando finalmente el dolor me da un respiro me queda la mente, la locura. Pero eso ya es otra historia…

miércoles, 5 de septiembre de 2012

colores


Blanco. Sereno y tranquilo, un pequeño orbe de paz que gira y gira salpicando creatividad. En un momento mi mente se pone en marcha y me abstraigo del mundo para presenciar el divino espectáculo de vida y de muerte, de creación y destrucción que tiene lugar en mi cabeza. Es tal ese frenesí que, en mi Soberbia interior, siento que me elevo tanto que llego hasta ver a dios por debajo del hombro. Floto en ese mar de ideas, en ese lugar donde mil historias se tejen al instante frente a mis ojos. Cabalgo por los vastos prados de la imaginación en aras de la catarsis, en aras de un ápice de paz.

Rojo. Pero de pronto siento que me invade el pecho algo que no sabría explicar, una presión interior que sube mi ritmo cardíaco, que me hace respirar más fuerte y que nubla mi mente. Siento que en mis venas hierve ácido y que en mi cabeza se detiene todo ese frenesí de creación. Siento la Ira visitándome. Todo se tiñe de rojo y llega el caos. El fuego está por todas partes y los demonios que siempre creo haber vencido, vuelven y me rasgan las entrañas. Me hundo en  un mar de azufre, cada vez más y más.

Verde. Cuando recupero mi “consciencia interior” aparezco, como siempre, abatido sobre un campo de fresco verde, rodeado de cenizas. Ese campo verde de desolación, lleno de cráteres de mis anteriores caídas de la vida, de esperanza machacada, mi recoveco. El viento revolotea y mece la hierba antes de llegar hasta mí como un soplo fresco de alivio para mis delirios. Permanezco tumbado a la vera de la Pereza, mirando al firmamento y rogando a los dioses con sordas plegarias que el velero de mi vida llegue, por fin, a buen puerto.

Negro. Por la mañana despierto con los músculos engarrotados, el estómago girado y la boca seca, con la lengua pegada al paladar. La cabeza me va a estallar y solo el humo y la penitencia silenciosa calman ese instinto asesino que despierta en mí esa desgraciada imagen que me devuelve el espejo. Cuando enciendo el cigarro y trago el humo noto como éste baja por mi tráquea y se expande violento, como una estampida en mis pulmones; es entonces cuando noto que falta algo. No tengo ningún cáncer que me mata lentamente, ni soy huésped de parásitos que me devoran pero esta noche hay algo en mí que ha muerto. Un mordisco de la cruda realidad que me era necesario. Palabras, palabras vacías que ya me conozco y se las lleva el viento.

¡Extraña y desconocida tú seas y muera para siempre quien alguna vez creyérase poeta! 

miércoles, 18 de julio de 2012

A veces


A veces pienso que este verano está siendo tan productivo como caluroso, es decir, más bien poco. A excepción de contados momentos de lucidez, al igual que algunos días de bochornoso calor, lo demás ha sido tan trivial que me asqueo solo de pensarlo. No pasa nada mientras el tiempo pasa y la vida carece de la emoción que trae consigo la novedad y la pasión que alimenta el sentimiento. A veces, en uno de esos interminables días en los que me recluyo en mi palacio interior, cuando ya he leído tanto que mis ojos reclaman descanso y me siento torpe y vulgar para escribir noto que muero lenta y silenciosamente. A veces esos días fumo tanto que acabo viendo a un dios en el verde humo y hablamos con largos silencios sobre las virtudes y los pecados de su creación. A veces creo que yo solo quiero escapar, desconectar y huir de esta orilla del Mediterráneo y esa ciudad que odio tanto como la amo. Tal vez aún no haya entendido que hace mucho que sin saber muy bien como dejé de agarrar las riendas de mi vida y me vi abocado a un mar bravo de odio y esperanza, de tormentas de castigo y promesas falsas, con la esperanza como único sustento. Obviamente me hundí, pues lo que yo creía esperanza no era más que una desdichada ilusión provocada por las drogas o el veneno. Me hundí entre las aguas turbulentas y cuando pasó la tormenta y el mar lo vio oportuno me escupió a la orilla. A veces pienso que ahí fue cuando me fueron devueltas esas riendas que había perdido.

A veces tengo sueños increíbles y hermosos, que no cuento a nadie, sin necesidad de estar dormido porqué cuando me duermo hay veces que te sueño sin querer y me robas otro día de mi vida. A veces pienso que no debería escribir estas cosas que escribo, ni pensar las cosas que pienso. 


martes, 19 de junio de 2012

A un verano de distancia

A un verano de distancia de una nueva vida. A un verano de distancia de una fecha fija. Un 12 de septiembre será oficialmente el inicio de una nueva época, de un nuevo capítulo que ansio por escribir. El principio de un viaje que hoy entendí que empezó hace ya casi un año... Un preludio demasiado largo y doloroso del que por fin alcanzo a ver el final. A un verano de distancia de poder empezar a escribir la historia más viva e importante que jamás quise imaginar. El corazón se me encoge de la emoción. Ahora solo espero con nerviosa paciencia, pues para bien o para mal el tiempo siempre pasa. A un verano de distancia...

miércoles, 30 de mayo de 2012

#pensando

Pensando anoche en algo que escribir, me dormí.
Pensando en ti, sentí.
Pensando el otro día en algo te vi.
Pensando en mi, morí.
Pensando por pensar te perdí.
Entonces dejé de pensar así.

miércoles, 23 de mayo de 2012

sinTÍTULO#2



Conduzco rápidamente por el carril de la izquierda, como de costumbre. El día está turbio, el cielo grisáceo, salpicado por nubes de esas que amenazan tormenta pero que solo ensucian tapando el sol, y el sol que aunque no brilla, se filtra a través de las nubes y se hace muy molesto a los ojos. Frunzo el ceño, ahondando más las arrugas que ya surcan mi frente y el perfil de mis ojos pese a mis veintidós años. Siempre frunzo el ceño. A ciento cuarenta y pico quilómetros por hora rebusco por el coche mi paquete de tabaco negro y un mechero. Me siento muy inconsciente pero me apetece fumar, me apetece pudrir mi interior con ese humo de sabor fuerte. Le doy una calada al cigarro, mantengo durante unos segundos el humo en mis pulmones y lo suelto. No sé hacia donde me dirijo.
Estoy cerca de Barcelona y tomo la salida. Los recuerdos me avasallan, corretean y se entrecruzan velozmente en mi cabeza; sabor agridulce. De repente el viento empieza a soplar con violencia y detengo el coche. No sé dónde estoy exactamente, no reconozco el lugar pero todo me es extrañamente familiar. Camino durante un largo rato, fumando otro cigarro y cuando lo termino tiro la colilla y aparezco frente a una puerta con una flor colgada del pomo. Abro y tras ella hay un pequeño habitáculo en el que apenas quepo yo y otra persona, con un colchón de gomaespuma en el suelo y una pequeña ventana en la pared opuesta a la puerta por la que veo el exterior. El viento sigue soplando con fuerza en la calle. Me encuentro extrañamente cansado así que me descalzo, me quito los pantalones y me estiro sobre ese colchón. No estoy muy cómodo, es más, noto que el colchón está más hundido por el centro que por los costados, desgastado por el uso tras el paso de los años pero se me hace muy acogedor. No sé por qué. No lo entiendo, pero hay tantas cosas que no entiendo últimamente que ya no me preocupo.
Alargo el brazo y alcanzo mis pantalones, que estaban “maltirados” en el suelo. Rebusco en los bolsillos hasta que encuentro lo que estaba buscando: una bolsita de plástico en la que llevo un par de cogollos. Me apetece fumarme un porro, siento que si no me lo fumo tendré pesadillas. Saco los cogollos de la bolsa y los miro de cerca con atención. Son verdes (obvio), pero de un verde intenso, agradable y dulce. Me recuerdan a algo pero no consigo dar con el qué. Cojo uno, lo pongo en el grinder y le doy vueltas con desinterés mientras pienso cuántos giros habrá dado ya mi grinder y cuando quiero darme cuenta ya he terminado de liar e inconscientemente mis manos palpan a ciegas sobre el colchón en busca de fuego. Sigo palpando hasta que noto un golpe en mi brazo derecho y miro sorprendido. Allí, a mi derecha había una chica que me ofrece fuego y lo cojo y me enciendo el porro y empiezo a fumar. La miro. Su largo pelo cae sobre sus hombros y espalda como una cascada. Su rostro está difuminado, no la reconozco y solo distingo sus ojos verdes como esmeraldas que me miran y me hipnotizan. Sigo fumando. Esa chica extrañamente conocida me hace carantoñas, se acurruca en mi regazo y se divierte; me molesta pero me es agradable. Acaricio su pelo, su cara. Se incorpora y me besa. Acaricio su espalda, sus piernas, la abrazo y la beso. Hacemos el amor. Los cristales tiemblan por el viento que sigue soplando con fuerza. Oigo el ruido del camión de la basura y me duermo cuando el ruido cesa y el camión se marcha.

Me despierto con la boca seca y la garganta irritada y con la lengua áspera, pegada al paladar. Estoy en mi cama en calzoncillos; deben ser las siete y media de la mañana. No entiendo nada. Me incorporo y oigo los cristales de la ventana que tiemblan. Fuera el viento sopla con fuerza. Los días pasan.


Nota: Está huérfano de título. Se aceptan propuestas.

lunes, 21 de mayo de 2012

#ticTAC

Tic, tac, tic, tac... pasan los segundos, siempre igual de rápidos, siempre igual de lentos. Otro minuto acaba de pasar y a la vez me aleja más del fuego y las cenizas y me acerca más a la ciudad del vals; ya han pasado dos minutos. Sonrío y por el camino aprendo cosas nuevas, me hago una persona nueva. Tic, tac, tic, tac... el tiempo pasa. 

lunes, 14 de mayo de 2012

#fuckingSUNDAY

Tan sólo yo entiendo lo que escribo
aunque no sé bien que digo,
quisiera entenderme mejor,
quisiera poder llegar a ser mi mejor amigo.
Pero cuando cierro los ojos,
cuando cierro las cortinas,
entonces me persiguen voces, recuerdos,
pasadas penas y alegrías.
Busco en mí una sonrisa, el calor,
pero sólo encuentro ser
puro hielo que se enfría.
Es mi momento, lo siento
y sigo sin saber lo que pretendo,
en este momento y en el siguiente
me abrazan los fantasmas
que me aplican vil tormento.
Sucumbo, pues no soy fuerte,
mala suerte tengo.
Me voy a buscar, me quiero encontrar,
más allá de la barra de un bar.
Sentí ser parte de un par
pero ahora sólo soy uno
y aún no sé por dónde avanzar.
Voy a romper todas las cadenas,
voy a ser fuerte y a respetar el deseo
que hoy fluye vivo por mis venas.
Miro hacia atrás y solo veo penas,
sentimientos que ya encontraron sus fronteras.
Miro hacia atrás y solo veo un chico
apuñalado a sangre fría
y que hoy cumple incierta condena.
Son los fantasmas peores que las armas,
son las armas mejores que las damas,
son puñales que se clavan, son las que duelen,
son las que hacen arder tus entrañas.
Y si pienso en ella no es porque quiero,
es  que hoy no puedo evitarlo, pero,
voy a intentar dejar a un lado mi deseo,
no lloréis por mi si por ello hoy muero.
Si quiero hacerlo tendría que quemar mi vida,
mis propias cicatrices son recuerdos,
medallas de una batalla perdida,
de un regalo, de unas fotos, de una mentira,
unas palabras, un paseo por la avenida.
Y cuando cambio el negro por el verde
me visitan los demonios y me muerden,
es entonces cuando el Albert se pierde
en este mar de dudas y con olor a muerte.

sábado, 12 de mayo de 2012

verdeANÁFORA


Verde esperanza. Verde hierba fresca, naturaleza mística que expande mi verde mente. Verde lo último que se pierde; esperanza. Verde esa mirada que ya no me mira. Verde botella, verde lujuria. Sinceridad de corazón. Verde fosforito que subraya mi vida. Verde luz, verde sombra. Verdes fantasmas y verdes fantasías. Verde que a mi alma muerde. Verde que vive y que mata. Verde que te quiero verde. Verde que todo lo pierde; verde que siente. Verde que quiero, tal vez quemado. Verde sangre. Verde sueño, nostalgia de cuando era pequeño. Verde dolor. Verde.

domingo, 1 de abril de 2012

bonaNIT#1


Cada vez estoy más convencido de que no soy un consumidor apto para este tipo de formato de noche que se nos vende hoy en día. Tal vez sea muy triste, no lo niego, pero prefiero mil veces mis noches de humo, de “yumanji”, en unos mundos etéreos e intangibles creados por miles de ideas que chisporrotean en mi cabeza. Prefiero que todo aquello que tomamos para desinhibirnos, más que para perder la vergüenza y gran parte de nuestras capacidades motrices sirva para expandir nuestros límites de pensamiento, para que seamos capaces de crear inmensas fantasías e historias; para que seamos capaces de pensar libres sobre nuevos horizontes.
Tal vez sea muy triste, pero no me gustan estas cosas que se hacen hoy en día. Prefiero mi noche y mi tranquilidad. Prefiero una buena discusión sobre la trivialidad más absurda o la cosa más retorcida y rebuscada que se pueda imaginar. Y sobre todo prefiero las risas de aquellos que más quiero. Por eso a ellos agradezco que aún me aguanten.

miércoles, 21 de marzo de 2012

DRUGS#5

Y reiremos tranquilamente en algún momento de nuestra vida. Recordaremos miles de historias, algunas largas y otras breves como un pestañeo. Algunas muy felices y otras tristes y dolorosas. 
En un nuevo mundo que yo inventaré para ti seremos los reyes. Del verde de tus ojos crearé extensos mantos de verde que cubrirán más allá de donde alcanza la vista, surcados por un sinfín de ríos. El frescor de este nuevo mundo llenará nuestros pulmones.
En el cielo colgarán las ruinas de antiguos imperios. Sentados en el balcón de una casa inventada en tu imaginación nos miraremos y nos evocaremos a miles de sueños que, porqué no, podrían cumplirse. Nuestros pies bañados por las aguas de todos los mares y océanos del mundo. Nuestra piel acariciada por las brisas que soplan en las colinas más bellas. El calor de un hogar una fría tarde de invierno.
La nostalgia que nade de la distancia y el tiempo. Una chispa.
Una mirada y una sonrisa.
Un beso.
Para ver el arcoíris hay que soportar la lluvia

jueves, 1 de marzo de 2012

beforeDRUGS#4

Y es en esos momentos del día, entre la vigilia y el sueño, cuando no estás realmente dormido pero tampoco realmente despierto; esos minutos que con suerte pueden alargarse a un par de horas, cuando mejor fluyen las historias. Aprovecho, pues, que no soy realmente consciente de aquello que existe fuera de mi ser para concentrarme en mí, en mí ego, sus sentimientos y sus preocupaciones; no me debo a nada más.
Rebusco en las profundidades en busca de "una verdad". Rebusco intentando encontrar sentimientos, los que sea. Pocos ápices de felicidad encuentro pero también es cierto que no oigo los redobles de la tristeza. Parece ser que todo está inundado de una sorda y gris indiferencia. Y toda esta indiferencia brota de un profundo agujero, un vacío abisal del cual no diviso el fondo.
Muchas son las dudas que arremeten sobre mí, día a día. Como el mar que rompe en las rocas, la incertidumbre erosiona en mi, lenta e impasible, monótona como el paso del tiempo.
A lo lejos diviso un verde esperanza que está tan cerca pero a la vez tan lejos... Siento erizar mi piel con el frío de nuevas promesas, pero también quedan lejos. El único calor que palpo es el que genera mi propio corazón que, reticente a morir, sigue con su incesante latido. Y suerte.
Quisiera escribirme nuevas historias de amor en las que todo fuera siempre hermoso. Quisiera escribir sobre mí, sobre ti; sobre un nosotros, en fin. Pero aun quedan heridas, algunas cicatrizadas y otras siguen abiertas. Aún sangro tinta negra con la que doy forma a estas historias.

martes, 21 de febrero de 2012

(No)Drugs#3

Soy un verso libre que busca ser melodía,
¿dónde estará el pétalo que me acompañe en la rima?
¿dónde está la música que alegra mi día?
Fui vaciado por dentro y quedé huérfano de amor y alegría,
por eso vuelo libre escribiendo tú poesía.
Soy humo que flota sobre la noche que tiñe la bahía,
la espuma de las olas; soy flores, aroma a magnolia.

viernes, 10 de febrero de 2012

DRUGS#2


Mastico el tiempo y me abstraigo con el estruendoso crujir que hace éste al doblarse contra su voluntad. Siento que mi ego abandona mi cuerpo y se eleva poco a poco. Me veo desde el techo de mi habitación. Subo, subo y sigo subiendo. Me libero poco a poco. Sobre la inmensidad del Mediterráneo soy capaz de apreciar la curva del globo terráqueo. Respiro hondo y cuando abro los ojos sigo sentado, fumando y existiendo dentro de mi cuerpo. Me fijo en el reloj; tan solo han pasado unos minutos que me parecieron horas. Sigo masticando el tiempo. Las horas se vuelven días y los días semanas. No hay colores, no hay sabor ni olor. No hay música en la vida. Llueven sensaciones que caen en mi piel y resbalan hasta el suelo. Echo el humo y sigo fumando. Tan solo ha pasado un instante.