lunes, 9 de abril de 2007

Empieza con buen pie que...

~Capítulo Decimotercero de "Ella y Yo"

El viento parecía soplar a favor, las cosas en mi vida estaban saliendo mejor que nunca. Llevábamos ya dos semanas y un poco más de clases y tenía aún presentes todas esas promesas del tipo “este año estudio” o “este año hago los deberes” que te haces cada vez que empiezas un curso y que luego finalmente nunca cumples, pero bueno. Las clases, por lo general, iban bien. No tenía excesiva faena así que las tardes se me quedaban bastante libres. Normalmente aprovechaba aquellas tardes en las que aún hacía buen tiempo para dibujar o para escribir pero este año la tenía a ella. Era realmente fascinante, la quería mucho y en el fondo creía que ella también me quería a mí. Aunque esto no fuese cierto, me daba igual. Mi relación con ella era cada día más estrecha, más íntima. Si no éramos novios, éramos más que “más que amigos”, y eso ya me bastaba.

Y finalmente tenía el gimnasio. Eso sí que fue un gran descubrimiento. Me encantaba ir allí a entrenar o a hacer cualquier cosa. Al final terminé por apuntarme a Taekwondo, eran menos llaves y más patadas y yo tenía más facilidad en usar las piernas que las manos. Aun esto no dejé de ver a aquellos dos chicos del primer día. Cada día que iba me los encontraba allí. Uno de ellos también hacía Taekwondo aunque ahora se estaba decantando más por el Hapkido. De todos modos quedábamos algún que otro día, nos poníamos los guantes y un bucal y nos peleábamos como la primera vez. Eso sí qué era grande.

Llegado a este punto podía sentirme satisfecho de llevar la vida que estaba llevando. Podía decir que sentía la dulzura de la miel en mi boca.

[…]

- ¿Sabes? He encontrado un lugar que estoy segura que te encantará - ¿A sí? ¿Qué lugar es?Es una sorpresa. Mañana, cuando salgamos de clase, dejamos las cosas en tu casa, vamos a comer y te llevo allí ¿vale?Uhm… está bien

Era un miércoles de mediados de octubre por la tarde en que salíamos de clase cuando ella me dijo esto. Cuando acabamos de quedar para el día siguiente nos despedimos y nos fuimos cada uno hacia nuestra casa.

Andaba por la calle con la mochila a la espalda, la chaqueta medio desabrochada y mirando hacia el frente pero sin fijarme en nada en concreto. Sencillamente pensaba, estaba intentando adivinar que sitio era aquel al que me llevaría al día siguiente; pero no se me ocurría nada. Cuando llegué por fin a casa, subí las escaleritas de aluminio oscuro, abrí la puerta haciéndola rechinar y una vez dentro de la habitación, tiré la mochila al suelo y me eché sobre la cama. Las seis menos diez de la tarde. Tenía faena por hacer, unos pocos deberes de matemáticas y otros pocos de lengua, pero no me apetecía hacerlos. Aquellas promesas que me había hecho a principio de curso, como cada año, empezaban a perder su autoridad. Supongo que inevitablemente yo soy así.

Como no tenía “nada” que hacer hasta las ocho, hora en que empezaba a entrenar, me puse a escribir. Lo cierto es que cogí el boli y hojas blancas pero al principio no se me ocurría nada. Sostenía el bolígrafo de tinta roja, porque yo escribía en color rojo, entre mis dedos, haciéndolo bailar con bastante gracia; el colegio me había dado mucha práctica. Tras un rato dándole vueltas al boli se me apareció la musa y yo hice el resto. Deslizaba el boli suavemente mientras transcribía la historia que mi mente estaba imaginando. El protagonista de mi historia era un tipo de diecisiete años que vivía medio recluido en su habitación, era un artista y pensaba muy profundo, pero vivía atormentado por sus amores. Ya ves tú que personaje para una historia. Al principio no acababa de gustarme pero a medida que iba empezando otra hoja me enganchaba más y más.

Con la tontería se me fue la hora y no me di cuenta de que tan solo faltaban doce minutos para las ocho. Ya podía darme prisa si no quería llegar tarde. Por suerte tenía el gimnasio relativamente cerca de casa pero no me gustaba llegar tarde. Prefería tener que esperar que hacer esperar a la gente.

Llegué al gimnasio, me cambié, hice la clase, me duché y volví para casa. Tres calles más o menos separaban el gimnasio de mi casa pero se me hacían eternas. Por aquella época entrenábamos para competir. Yo, según el entrenador, tenía talento pero acababa de empezar y no me podía sacar a competir. De todos modos me entrenaba para ello. Por eso terminaba tan agotado que aquellas tres calles que tenía que recorrer se me hacían larguísimas.

Cuando llegué a casa cené bastante poco porque estaba tan cansado que se me quitaba el hambre y me volví para arriba, tenía algo importante que continuar, mi historia. Cogí el boli rojo de nuevo y seguí escribiendo. La gente me hablaba por el ordenador pero la verdad es que no les hacía mucho caso. Escribía y me sentía bien y no quería dejar de hacerlo, pero el sueño me pudo. Los ojos empezaban a cerrárseme y la mano me dolía así que lo dejé por aquella noche. Abrí un cajón de la mesita que tenía al lado y guardé las hojas que ya había escrito y unas cuantas más con notas y demás ideas para continuar la historia.

Faltaba aun media hora para las doce y la malgasté hablando un rato por el ordenador. Lo cierto es que no eran conversaciones muy interesantes pero servían para pasar el rato. Cuando fueron las doce apagué, me lavé los dientes y me metí en la cama. Los números verdes del despertador desprendían una tenue luz que bañaba aquello que tenía a su alrededor. En aquellos instantes entre que me metía en la cama y me dormía me ponía a pensar. Normalmente pensaba en cualquier cosa que pudiese influir en mí día a día, pero en aquella época que me parecía haber encontrado algo parecido a la felicidad no tenía otro tema en mente que no fuese ella.


Bueno, esto se acaba, la Semana Santa se termina ya hoy y mañana volvemos a nuestra esperadísima y querida rutina de estudiante, pché. Ésto signigica que mi tiempo para inspirarme, escribir y publicar, entre otros, se reduce considerablemente. Así que he decidido publicaros un capítulo nuevo de "Ella y Yo" para "conmemorar" este día. Pido perdón, de todos modos, por "lo mal publicado que pueda estar publicado" el capítulo, pero es que el maldito Word y el asqueroso editor de Blogger no me entienden y me dan mil problemas. Y nada, que espero que os guste, aunque sea un capítulo un poco "flojo" de historia.
Y bien, gracias a todos por pasaros y por comentar (Que si lo haceis, aparte de hacerme sumamente feliz, tenéis que marcar la opción de "Otros" o "Anónimo" para poder comentar que si no, como no tenéis cuenta blogger, no os dejará). Ale, ale, gracias a todos y por todo.

viernes, 6 de abril de 2007

~Y reiremos

Y dime de que presumes y te diré de qué careces. Y dime pues que presumes de estar solo y te recordaré que te faltan amigos. Y me reiré de ti y en esa risa no encontrarás nada, ni pena, ni compasión, nada. Tan solo te sentirás avergonzado e incluso llegarás a odiarme. Y seguiré riéndome de ti y me reiré hasta tal punto que tengas ganas de pelearte conmigo. Y cuando vengas a pegarme me reiré aun más fuerte y entre carcajada y carcajada te preguntaré que de qué te servirá pegarme. ¿Te sentirás mejor? No vas a matarme, ambos lo sabemos, pues ¿de qué te servirá? Y entonces te hundirás y yo dejaré de reír. Caerás inevitablemente en un charco de lodo y yo me sentaré a tu lado, pasaré mi brazo por tus espaldas y te diré “Bienvenido a mi mundo”

Y seguirás estando solo y te diré que te aferres a la vida, que luches por tu vida y tan solo por tu vida, que los demás no harán nada por ti y que “Dios es un ser muy cruel que cuando tengas algo te quitará un poco y cuando no tengas nada se reirá de ti”. Y asentirás con la cabeza intentando aguantar ese dolor que se crea dentro de ti. Un dolor angustioso, más molesto incluso que mi risa. Y entonces nos separaremos y nos diremos adiós y no volveremos a vernos nunca. Y cada uno seguirá su camino y pisará fuerte por allá donde vaya. Y reirá, se reirá del mundo, de aquellos que le rodean, se reirá incluso de su propia desgracia. Cuando tenga que llorar, reirá. Y los demás pensarán que estás loco pero tú seguirás riendo de esa forma tan enfermiza.

Y pasarán los años y te habrás vuelto todo un hombre. Y habrás dejado de reír y te habrás enfrentado a tus problemas e incluso te habrás olvidado de mí. Y cuando creas que esto haya pasado, desde el otro lado del lodo del que creías haber escapado, oirás mi risa. Y te entrará el miedo de nuevo y te darás cuenta de que aún sigues igual de hundido que siempre e inevitablemente reirás conmigo. Y juntos nos haremos fuerte riendo y lucharemos por lo que de verdad nos importa y nos dará igual todo lo demás. Y reiremos. Y nos daremos cuenta de lo desgraciados que fuimos de pequeños por haber estado solos y de lo desgraciados que somos por seguir estándolo y que seguramente siempre estemos solos. Y viviremos separados del resto del mundo por ese mar de lodo que se alzaba sobre de nosotros. Y reiremos y lo haremos juntos y nos reiremos del mundo. Y estaremos tristes y seguiremos riéndonos. Y nuestra cara será asquerosamente inexpresiva y nuestra cara será asquerosamente seria y seguiremos riéndonos. Y estaremos solos y nos reiremos del mundo.


Bueno, vuelvo un poco a aquella época en que escribía sobre “Yo y mi yo y mis cosas y mi mundo”. No es que sea lo más agradable de leer pero es lo que escribo y, mira, es lo que hay.
Como entonces, está escrito tal cual, sin correcciones previas, ni “relecturas” ni nada de eso así que si veis algo que no cuadra o que simplemente no tiene sentido es porque así lo pensé. Yo soy así =D.
Y nada, quisiera agradecer a todos aquellos que os pasáis por aquí y leéis y sobretodo a los que comentáis que es, posiblemente aquello que más me mueve a volver a publicar en el blog.
Así que gracias gracias a todos vosotros y que espero que os guste.

Para más información contacten con mR.a! por msn =D

PD. La frase en cursiva no es mía. Idea original de mi hermano Ori que podeís encontrar en Lágrimas de la Diosa. Saludos


lunes, 2 de abril de 2007

~Sentimientos

Alegría es ganar un combate. Éxtasis es pelear siempre. Rabia es fallar una patada. Admiración es pelear con un campeón. Satisfacción es ganarle. Honradez es perder y reconocer tu derrota. Frustración es perder un campeonato. Cansancio es entrenar hasta que no te sostienes en pie. Envidia es algo que no necesitas. Placer es disfrutar peleando. Respeto es ganar y no vanagloriarse. Orgullo es afán de mejorar. Tristeza es lesionarse. Felicidad es colgarte una medalla. Dolor es perder la fe en ti. Unión es sentir el apoyo de tu coach. Llorar es perder aun habiendo peleado bien. Fe es creerte invencible. Espíritu es serlo. Velocidad es volar encima del tatami. Desesperación es lo que debe sentir tu rival. Pánico son diez segundos .Fuerza es KO y Ser Fuerte es no tener precio. Indiferencia es rojo o azul. Pena es retirarse por lesión. Talento es inventar una patada imposible. Prohibición es perder. Obligación es disfrutar. Mente es no dejarte engañar por las apariencias. Amor es sentir el color de tu cinturón. Solidaridad es entrenar con tus compañeros. Entusiasmo es empezar a entrenar media hora antes. Esfuerzo es quedarte media hora más. Sentir es vivir. Vivir es Taekwondo.

Vive para pelear y pelea para disfrutar. Siente el color de tu cinturón y siente tus propias patadas como los latidos de tu corazón. Pues los "Danes" no se miden con las rayas de tu cinturón. Los "danes" están en las piernas, los "danes" son tu fuerza y la muestra de tu talento. Pega patadas hasta que te eleves por encima del tatami. Vuela y corta el viento con una patada. Disfruta de esas décimas segundo infinitas y remóntate. Reinventa tu estilo y haz de él un aire. Entrena, pega hasta que no puedas mantenerte en pie, entrena hasta que te sangren los pies si hace falta. Tu afán, tu espíritu, tu corazón, ese amor que tu sientes y que nadie entiende, hazlo posible.

Porque pocos me entienden. Porque yo hago lo que siento. Porque pelear es mi vida. Porque el Taekwondo es mi pasión y pelearé hasta el fin.


¿Queda claro? =D Dedicado especialmente a nadie y a todas aquellas personas que pueden entender estas cuatro líneas mal escritas, a todas aquellas que disfrutan peleando y que les da igual ser tachados de locos e incomprendidos.

En fin gracias por pasaros y hacer de esto lo que es. Saludos a todos.

Nota: Un Dan es cada una de las "graduaciones" que tienen los cinturones negros. A mayor Dan mayor nivel. En Taekwondo hay 9 Danes.

domingo, 1 de abril de 2007

Una nueva etapa

~Capítulo duodécimo de "Ella y Yo"

Por la mañana me desperté antes de que sonara el despertador, un cuarto de hora antes, pero me quedé en la cama. Miraba por las rejillas de la persiana como el sol intentaba filtrarse para llenar de claridad la tranquila oscuridad que había en mi habitación. Me desperté muy descansado, hacía bastante tiempo que no dormía tan bien. Salí a la terraza con un pantalón y una camiseta de manga corta y me estiré. Un nuevo día empezaba y con él un nuevo curso, una nueva vida y un nuevo descubrimiento en mi vida. Me vestí, me hice un zumo, me comí un par de galletas, me tomé un café y me lavé los dientes y la cara. Cogí la mochila y puse rumbo al colegio. Faltaban aun cinco minutos para que abrieran la puerta cuando llegué allí pero ya había gente esperando. Me junté con unos amigos hasta que abrieron la puerta y subimos.

Las tres primeras horas no se me hicieron especialmente pesadas. Luego, cuando sonó el timbre y bajamos al patio la vi. Iba con el pelo recogido, con unos tejanos de esos tan “suyos” y una camiseta a rayas. Pareció como si hubiese notado mi presencia a la lejos, mirándola, porque giró la cabeza hacia mí y clavó esos ojos azules tan bonitos que tenía sobre mi persona. La verdad es que me sentía bastante incomodo, pensé en mirar hacia otro lugar o simplemente ir a otro sitio donde no me viera, pero fui hacia ella. Cuando estuve lo suficientemente cerca pasé mi brazo por encima de sus hombros y la miré algo indeciso, no sabía si hacía bien o no. Ella contesto a esto con una sonrisa.

- ¿Qué pasa chica, como estás?Bien, bien. ¿Tú qué?Voy haciendo. Llevamos tan solo tres horas y empiezo a cansarme de esto, pero bueno, aguantaréSí, es que es muy aburrido… - Oye - ¿Qué?Que siento haber estado algo estúpido últimamente contigo. Me gustaría que no me lo tuvieses en cuenta… - Qué tonto que eres

Nos sonreímos mientras nos mirábamos a los ojos. Primero lo hice con algo de recelo pero había algo que me decía que en esa mirada y en esa sonrisa que ella me estaba regalando había una pequeña muestra de cariño. Pasé el resto del patio con ella y luego volvimos a subir a clase. Fue entonces cuando me acordé de un pequeño detalle que me fastidiaba un poco los planes. No recordaba que era miércoles y que me tocaba ir por la tarde y hasta eso de las cinco y media no saldría de allí. Llegaría, pues, un poco tarde al gimnasio. Algo asqueado hice las dos horas que tenía antes de comer y las dos horas de después de comer. Cuando por fin terminaron las clases de la tarde salí corriendo hacia mi casa, cogí una mochila con ropa cómoda y algo para poder ducharme y me fui al gimnasio.

Llegué allí, abrí la puerta, miré a ver si los veía y cuando los localicé pasé.

- Siento haberme retrasado, no me acordaba que tengo clase los miércoles por la tarde… - No pasa nada tío, pasaSí socio, si acabamos de empezar, estábamos calentandoAh, vale. Voy a cambiarme, ¿vale?Si, pasa por allí. Verás el vestuario al fondo del pasillo

Avancé hasta que llegué al vestidor. Mientras me estaba cambiando entró el chico aquel tan alto, me buscó con la mirada y me dijo:

- Espera, tenemos algo para ti. Allí, en aquel armario, ábrelo – fui, lo abrí y saqué una bolsa con ropa blanca – Hicimos un pedido de doboks y nos llegaron dos más de la cuenta. Si te va alguno bien quédatelo. Te lo regalamos - ¡Vaya, muchas gracias! De nada hombre. Pero de momento ponte mejor la camiseta. Luego ya te pondrás el dobok enteroVale

Me cambié y salí. Allí, en medio de aquel tatami estábamos tres tipos con el mismo corte de pelo, el mismo pantalón blanco y haciendo los mismos ejercicios de calentamiento. Mientras calentábamos empezamos a hablar, nos presentamos y explicamos un poco de nuestra vida. No nos dio tiempo a hacer mucho más porque las clases que se impartían en el gimnasio empezaban a las seis. Hasta las ocho, pues, no teníamos nada que hacer. Salimos a la calle a comprar algo para merendar. La gente nos miraba y en cierto modo lo entendía, los tres, más o menos, parecíamos diferentes versiones de una misma persona ya que aun íbamos con los pantalones aquellos blancos. Al final terminamos por ir a mi casa. Como todas aquellas personas a las que acababa llevando a mi casa, se quedaron algo impresionados. Nos metimos en la habitación y nos pusimos en el ordenador. Me empezaron a enseñar un montón de videos de Taekwondo, Hapkido y otras artes marciales. Con la tontería empezaba a hacerse la hora de volver así que nos fuimos para el gimnasio de nuevo. Recuerdo aquella clase perfectamente. Mi primera clase. Éramos nosotros tres, el entrenador y un par de chicos más. Hicimos el saludo, calentamos y empezamos a hacer ejercicios que el entrenador mandaba en coreano. Yo no entendía nada pero él y otro chico que me hacía de pareja, que era el mismo que me abrió la puerta el otro día, me ayudaban. No se me daba muy bien eso de hacer llaves y tal pero intentaba hacerlo lo mejor que podía. Cuando terminamos la clase el entrenador vino a hablar conmigo. Me dijo que me había visto ponerle interés y que eso era bueno, y que me animaba a probar el Taekwondo, que no eran tantas llaves. Después me duché, me cambié, hablé con la chica que había en la recepción para apuntarme y me fui para casa como el día anterior, con una sonrisa de oreja a oreja.

Llegué a casa y le conté a mi madre todo lo que había aprendido y todo lo que había hecho. No parecía interesarle mucho pero hacía por escucharme. Cené y me subí para mi habitación. Nuevamente estaba cansado pero esta vez tenía un asunto más importante que tratar. Con las prisas no me había dado cuenta de que no había cogido el móvil que se me cayó encima de la cama. Lo cogí sin echarle mucha importancia pero me fijé y pude ver cuatro llamadas perdidas. Era ella. No sabía como tomármelo, si hacerle mucho caso, si pasar, irme a dormir, llamarla… al final, pero, opté por llamarla.

- ¿Si?Oye… que lo siento por no cogerte el móvil, pero es que lo dejé encima de la cama y no estaba en casa… - Oh, claro – dijo con cierta ironía – no pasa nadaLo siento, de verdadTe he dicho que no pasa nada - ¿Qué querías?Iba a ir a verte, pero como no sabía si estarías te llamé… - Lo siento, estaba ocupadoBueno… - Mañana nos vemosSí, supongoEh, reina, perdona. Este “finde” quedamos, ¿vale? – me sonrojé para mis adentros; no acababa de entender bien bien porqué lo había dicho, pero me sentí bien – Vale. Un besoVenga, hasta mañana

Colgué y me tiré encima de la cama. Estaba agotado pero eso no impedía que no pudiera pensar en ella. Realmente me fascinaba, por encima de todas las cosas la quería. Tenía dudas en todo, en el cuerpo, en la mente, hasta en el alma, pero no dudaba en que la quería.


Pues espero que sea un capítulo de agrado general para este sector de población que espera a que yo publique. Gracias Gracias a todos ellos. Hoy especial mención a "Marc" (o Marc Puto*), un tipo que no conozco apenas de nada, siquiera le he visto en persona, pero que es un pedazo de buen hombre que lo flipais. Además, hoy cumple 18 años, felicidades. Y no mucho más que añadir.

Cita del autor: "Mi vida es la historia que a nadie importa pero que todos ansian leer"

PD: 11 meses felizmente casado =D


martes, 20 de marzo de 2007

Descubriendo cosas nuevas (2)

~Capítulo undécimo de "Ella y Yo"


Aquel día la puerta se me abrió, y lo hizo literalmente. La puerta de aquel gimnasio se abrió y un chico con la cabeza igual de rapada que la mía apareció tras ésta.

- Ei, ¿querías algo?Pues no la verdad, tan solo curioseaba - ¿Te interesa algo? - ¿Has hecho alguna vez Taekwondo o Hapkido? NoPareces bueno. ¿Quieres probarlo?Mmmm, vale

El chico me dio la mano y entramos. Dentro, tras pasar una pequeña recepción entramos en una sala bastante grande para lo pequeño que parecía el gimnasio desde fuera recubierta de tatami, y a la derecha una puerta que llevaba a un pasillo que terminaba muriendo en los vestuarios. Era realmente fascinante. Las paredes estaban recubiertas con varios posters y cuadros de gente pegando patadas, pero lo que me llamó la atención fueron las dos grandes banderas, coreana y española, que presidian la sala junto a los dos escudos de las disciplinas correspondientes.

Encima del tatami pude ver como había un chico pegando patadas. Me hizo gracia porque también llevaba un peinado parecido al mío, los tres éramos igual de “calvos”. El chico que me abrió la puerta era de mi altura, un par de centímetros más bajo que yo quizás, pero mucho más fuerte, me vino a la cabeza la frase de que estaba más fuerte que un toro. El otro por el contrario era alto y delgado, quizás un metro noventa, metro noventa y cinco.

- Ei socio, déjalo ya. Mira, tenemos un invitado – dijo el chico que me abrió la puerta refiriéndose a mi – Nunca ha probado nada de esto pero he visto algo en él que me decía quería probarlo… - ¿Te has peleado alguna vez tío? – cortó el chico más alto – No… pero parece divertidoNo lo sé, pero, ¿Cómo vas a conocerte si nunca te has peleado? Ven, ponte esto – me acerqué y me dio unos guantes de boxear. Yo lo miraba bastante perplejo – Primero miraremos a ver si tienes aptitudes, luego pasaremos a las artes marcialesTranquilo, no te hará daño. Cuando veas que no puedes más, que flaqueas o que te has hecho daño di bastaSí…

Fueron tres minutos pero se me pasaron volando. Nunca había disfrutado tanto en mi vida. Los primero segundos no sabía bien que hacer, tan solo oía la voz de aquellos chicos diciéndome que no pasaba nada, que me lanzase a por él. No sé porqué pero les hice caso y me tiré a por él. Lancé un par de golpes torpes que no sé bien bien donde impactaron, y acto seguido me separé. El chico que me había abierto la puerta me animaba y aconsejaba y yo intentaba, como podía, seguir sus consejos. Estaba recibiendo de lo lindo, no era rival para aquel chico tan alto pero la sangre me hervía de emoción. Acabé el combate hecho caldo pero quería más. El otro chico se puso los guantes y se puso a pelear conmigo. Sabía que no tenía nada que hacer tampoco con él pero había descubierto algo que me llenaba tanto o más que escribir o dibujar. Pelear.

Cuando terminamos de pelear me tiré al suelo de tatami rendido. No podía con mi cuerpo, jamás había recibido tanto pero tampoco jamás me había sentido tan vivo como entonces.

- Eh, peleas como un campeónTampoco creo que sea para tantoNos has aguantado un par de asaltos, no digas tonteríasBueno, pero esto no es ni Taekwondo ni Hapkido. El gimnasio es de mi tío y él y yo venimos antes de que empiecen las clases para curtirnos un poco. Luego viene el entrenador y hacemos un poco de Hapkido y, alguna que otra vez, Taekwondo - ¿A qué hora son las clases?De ocho a nueve - ¿Por qué no te vienes mañana? Hoy estás cansado y las clases suelen ser duras. Le hablaremos de ti al entrenador y mañana te pasasValeSi quieres, vente a la misma hora que hoy y haremos algo los tresEstá bien. Hasta mañana y graciasDescansa, mañana será duro

Salí de allí con una sonrisa de oreja a oreja. Los golpes, las heridas y el cansancio no eran motivo suficiente para borrar la felicidad que reflejaba mi rostro.

Aunque aun eran las seis de la tarde me marché para casa caminando muy lentamente. Aquellos dos chicos, dos desconocidos con un peinado parecido al mío y que parecían hasta hermanos, me habían regalado algo muy grande.

Cuando por fin llegué a casa me duché y me senté un rato en la cocina del piso de mis padres. Mi madre estaba cocinando algo y mi padre, que hacia poco que había llegado de trabajar, se estaba cambiando para salir a correr. Si no hubiese salido tan cansado del gimnasio hubiese salido con él pero mi cuerpo me pedía algo de reposo. Estaba acostumbrado a hacer ejercicio pero no a recibir tantos golpes. Antes de que se pudiese ir mi padre les comenté mi idea de apuntarme a aquel gimnasio. Mi padre no hizo mucho caso, sabía que en el fondo acabaría haciendo lo que quisiera, pero mi madre no estaba tan de acuerdo. De todos modos compartía la idea de que al final haría lo que quisiera y me dijo que los tres primeros meses me los pagaría yo, luego ya veríamos. Las cosas no podían estar yéndome mejor. Había visto las tarifas del gimnasio y con el dinero que había ganado en verano podía permitirme cómodamente pagar la cuota mensual.

Dicho esto, volví a mi ático. Faltaba más de una hora y media para cenar así que saqué una libreta, un par de lápices y me puse a dibujar. Como por arte de magia empezaba a ver las cosas más claras. Mientras dibujaba una escena que intentaba representar lo vivido unas horas antes, en mi cabeza empezaba a difuminarse todas las preocupaciones. Pensé pues que lo mejor sería no pensar en querer tenerla como novia, sino en quererla sin más.
Después de cenar me fui a dormir bastante pronto. Aun estaba cansado y un poco dolorido de la tarde que había vivido y consideraba preciso descansar, al menos, para empezar con buen pie el curso.

Bueno, lo prometido es deuda, prometí actualizar pronto y aquí tenéis la siguiente parte del capítulo que publiqué ayer. Espero que os guste y sé que al menos hay dos personillas que lo esperaban con ganas =D. Un saludo a todos lo que se pasan por aquí.

PD. Oh! Mi entrada número 40!

lunes, 19 de marzo de 2007

Descubriendo cosas nuevas (1)

~Capítulo Décimo de "Ella y Yo"


Resultaba bastante extraño volver otra vez a la rutina del estudiante, era bastante entristecedor pero en el fondo todos teníamos ganas de volver. El verano está bien, puedes hacer todo lo que quieres pero en cierto modo te aburres bastante. Yo en mi caso no me podía quejar, me saqué un dinerillo, pude hacer una de las cosas que más me llena en la vida, el arte, y conocí a aquella sirena con piernas. Sentía curiosidad por saber que había sido de ella; me dijo que nos veríamos pero ya hacía más o menos un mes que se fue.

De todos modos ahora, y cada vez más, formaba parte del pasado. Tenía que centrarme y disfrutar de una nueva etapa que se me abría. Ya era la última, el último curso de bachillerato y ala, a la universidad. Lo que menos me gustaba de todo eso era que, de nuevo, volvería a distanciarme de aquel grupo de amigos que me había hecho. En realidad ya había pasado. El curso anterior conocí a muchas personas con las que entable una buena amistad y que este curso ya no estaban allí. En fin, no era momento de pensar en eso.

Lo cierto es que me hizo gracia volver a encontrarme con todo el mundo. Todos tenían una historia distinta para contar, pero todas eran tan parecidas que acababan por aburrirme; ir a la playa, montar una fiesta y acabar “tope de morados”, como ellos decían. A mí, en cambio, cuando me preguntaban se sorprendían cuando les contaba mi verano y veían que no había expresión de disgusto en mi cara, parecía como que se decepcionaban. Y en el fondo lo entendía; yo era raro, ellos lo sabían y yo lo sabía.

Más tarde, cuando salimos del colegio, como tan solo habíamos ido a buscar los horarios, fuimos a tomar algo. Estuvimos un buen rato hablando, explicando con más calma y detalle qué habíamos hecho durante el verano. Pero yo estaba en mi mundo, pensaba en ella cada dos por tres. La había visto en el colegio, nos saludamos y tal pero era distinto. Por momentos me arrepentía de haberle tenido que decir que me gustaba pero intentaba consolarme pensando en que más me hubiese arrepentido de no haberlo hecho. Era todo tan complicado. Sentía verdadero miedo, miedo de perder aquello que tenía con ella.

Como no estaba muy por la conversación terminé por irme a casa. Caminaba por la calle y el sol todavía picaba. Era septiembre pero seguía haciendo calor y los rayos de sol chocaban como intentando ensañarse contra mi piel aún morena del verano. Cuando llegué por fin a casa, subí las escaleras de aluminio oscurecido con desgana, abrí la puerta, me puse algo de ropa cómoda y me estiré en la tumbona. Deberían ser las dos y media y solo tenía ganas de que el sol me derritiera, a ver si así se me olvidaban todos los problemas. Cerré los ojos y cuando apenas llevaba cinco minutos me levanté. Estaba cabreado conmigo mismo, pero no quería quemarme, así que me puse un poco de crema. Me volví a estirar y cerré los ojos de nuevo buscando en mi cabeza una posible solución a ese problema que yo solo había montado. Sin querer y como era de costumbre, me quedé dormido. Me desperté cuando tenía tanta hambre que mi estómago pedía comida a gritos. Entonces recordé que no había comido aún así que bajé a ver que había para comer. Abajo en el piso, mi madre estaba haciendo faena y mi padre no estaba. Entré en la cocina y miré el reloj, eran las cuatro y cuarto. No sabía si hacerme algo de comer o comer algo de merienda. Al final opté por merendar un poco, y cuando terminé me lavé los dientes. Si hay una cosa que no soporto es el sabor que se me queda en la boca cuando me despierto después de echarme una siesta. Limpiándome los dientes, al menos disimulaba un poco ese sabor.

Con la boca algo más fresca me volví a mi terraza y volví a lo mío. Al final preferí dejarlo a un lado y que pasara lo que ella viese conveniente que tenía que pasar, al menos hasta mañana. Eran las cinco menos veinte y yo que no tenía nada qué hacer. En momentos como ese me daba cuenta de lo solo que estaba. El año pasado la tenía a ella, en verano a la otra chica, pero ahora no tenía nadie para contarle mis problemas y buscar una mínima ayuda o una simple opinión. Siempre había ido a mi bola, nunca había dependido de nadie y ahora que me veía en un aprieto en el que nunca antes me había metido me encontraba perdido. Perdido y solo. No era tampoco para montar un drama, es cierto que tenía muchos amigos, pero no de aquellos lo suficientemente “importantes” como para tratar un tema como ese. Me estaba rayando por momentos y pensé que lo mejor sería ir a dar una vuelta. Caminando por las calles, sin prestar especial atención a nada, topé con un gimnasio que acaban de abrir. Lo deberían haber construido durante el verano porque yo no recordaba ningún gimnasio como este antes. Me paré delante de la puerta y miré todo lo que había en la fachada. “Cursos de Artes Marciales: Taekwondo y Hapkido” se podía leer en la puerta, porqué letrero aún no tenía. Me lo miraba con interés, lo cierto es que siempre me había gustado el mundo este de las artes marciales pero como nunca tuve la oportunidad de probarlo ya que no había sitios cercanos donde practicar, pues me quedé con las ganas.

Bueno, hoy creo que me ha venido la inspiración y hasta que no me ha dolido lo suficiente el dedo no he parado de escribir. De momento pongo aquí lo que correspondría a un capítulo normal, pero en el fondo es tan solo la mitad de un capítulo más largo. Según lo que escriba desde que se me pase lo del dedo hasta que se me vaya la musa pues actualizaré más o menos temprano. De todos modos prometo actualizar pronto.
Un saludo a todas aquellas personillas que se pasan por aquí, leen y esporádicamente comentan, dando de este modo su modesta pero importante opinión. Gracias a todos.




viernes, 9 de marzo de 2007

Cuando nos sorprendemos a nosotros mismos

~Capítulo Noveno de "Ella y Yo"

Caminaba por la calle rezando para que no decidiera darme una sorpresa y llevarme a ningún lugar fuera de lo que es “ir a dar una vuelta”. Llegué a su casa algo pronto así que me senté en un banco que había por allí cerca y esperé a que bajara. Pensé que igual aun estaba terminando de cenar y no sería buena idea molestar. Esperé unos diez minutos hasta que por fin bajó.

Qué sensación tan extraña. Era como un cosquilleo inexplicable seguido de varios latidos rápidos. Recordaba la última vez que nos vimos, allí, en aquel mismo sitio. Hoy, varios meses después, la historia volvía a empezar.

¿Qué me pasaba? Era ella, sin más, no había porque tener vergüenza. Realmente yo estaba irreconocible. Tenía la mirada fija en ella, durante todo su avance hasta mí, en su cara. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí, borró la sonrisa de su cara y sentenció:

- Te parecerá bonito y todo, ¿no? - ¿Eh?No disimules. Ni una sola carta, ni un simple mensaje. Nada

Era verdad. Me había olvidado por completo de terminar de escribirle la carta y enviársela. Pero bueno, ahora eso no venía mucho a caso. Nos saludamos y fuimos a dar una vuelta. Paseábamos por la calle el uno al lado del otro. Habían pasado menos de tres meses, pero parecíamos dos personas que acababan de conocerse. Ambos habíamos cambiado. Ella ahora llevaba el pelo más corto, recogido, y lucía un vestido corto y unas sandalias a juego. La veía diferente, como si hubiese crecido desde la última vez que nos vimos. Era como si fuese alguien diferente a aquella chica que, en una tarde lluviosa de primavera, yo invité a mi casa.

- Bueno… ¿no me vas a explicar nada? Pues no sé, ¿qué quieres que te explique? - ¿Qué has hecho en todo el verano? Nada especial. Estuve trabajando con mis tíos en la playa, y nada, pasar una temporada con ellos… - ¡Ah! Con razón estás tan moreno. Te veo muy cambiado Yo también te veo muy cambiada a tiNo sé… - ¿Qué has hecho tú? - Tampoco nada especial. Estuve por aquí trabajando durante el día y saliendo por las noches. Ya sabes, mi rutina veraniega Oye. ¿Te apetece un helado? -

Nos sentamos en una terraza y tomamos un helado. Seguimos hablando durante un buen rato. ¿Qué tenía ella? No lo entendía. ¿Qué había pasado durante el verano? ¿Qué estaba pasando? Cada gesto, cada palabra, cada mirada, todo. Cualquier cosa que hacía me parecía especial. ¿Qué era aquella sensación tan extraña? Demasiado para tan poco.

La noche empezaba a echársenos encima. Eran cerca de las dos y yo, como era de esperar, tenía sueño. Quieras o no me había levantado bien pronto para volver a casa. Estábamos llegando a su casa. Caminábamos despacio por la calle, solos y en silencio. Su casa, un bloque de edificios no muy alto, estaba iluminada por la luz de una farola que, de vez en cuando, parpadeaba. Nos paramos allí en su portal para despedirnos.

- Bueno, mañana a las diez pásame a buscar, eh Sí, claroVenga, hasta mañana… - Me dio dos besos y se giró hacia dentro. Antes de que terminara de cruzar la puerta, la cogí del brazo – Espera… - No acababa de entender qué estaba haciendo - …solo…solo quiero decirte…que me gustas…

Me giré y me fui. Nadie impidió mi marcha, nadie replicó una explicación, me fui. Mis pasos resonaban en el silencio de la noche. Cuando giré la esquina, lejos de posibles miradas que me acecharan, me senté en el primer portal que encontré. Las piernas me flojeaban de mala manera y el corazón parecía luchar contra mis costillas por salírseme del pecho. Respiré hondo y pensé en lo que había hecho. ¿Por qué le había dicho eso? ¿Realmente me gustaba? ¿Había hecho bien? El mundo está lleno de cobardes, es cierto, pero también está el cementerio lleno de valientes. Me topé con miles de preguntas antes de llegar a casa.

Finalmente, cuando por fin llegué a casa, caí agotado. No tenia ganas de pensar en lo que había hecho. Me abracé a la almohada intentando buscar consuelo. Ciertamente prefería olvidarlo pero era algo bastante imposible.

Por la mañana me di cuenta de que no podía evitar verla. Sin ir más lejos, aquella noche habíamos quedado para ir a cenar. “Aish! Qué fuerte pega a veces la vida!”

No esperaba que pasara nada increíble, lo único que quería era que aquello que “tenía”, aquello que se había convertido en algo tan importante para mi, no se fuera a la mierda. Eso, posiblemente, era lo que más miedo me daba.

Aquella noche salimos a cenar. Resultaba bastante extraño. Yo por mi parte me “comporté” como si nada hubiese pasado. Ella parecía hacer lo mismo. Lo cierto es que me moría de ganas por saber una respuesta pero no la hubo. Fue una cena como cualquier otra.

Durante los días siguientes hasta que empezó el curso nos vimos dos o tres veces más. Finalmente, un doce de Septiembre de un año cualquiera, volvieron a empezar las clases.

Bueno, después de este pequeño "parón" que he tenido, vuelvo a publicar un poco más de esta "superproducción" =D. Espero que vaya gustando y esas cosas. Quiero dejar claro que son más que bien recibidas todo tipo de propuestas y sugerencias eh! En fin, gracias por hacer de esto lo que es.

PD. Siento curiosidad por saber quien entra a mi blog desde la "Universitat Ramon Llull..." =D