domingo, 13 de mayo de 2012

#actorSECUNDARIO

Recomiendo encarecidamente la canción Actor Secundario y, en consecuencia, el disco entero (Pasión de Talibanes) de Los Chikos del Maíz. Letras muy, muy gordas.




Porque solo yo sé el motivo por el cual escribo,
y me desvivo, por esta mierda que acabará conmigo.
Es tan jodido ser el centro de atención, 
una afición que exige 
pero me encanta jugar con presión.

Tengo la extraña sensación
de que, escriba lo que escriba siempre
hay quien lo interprete,
y acaba cansando este teatro,
dónde el público insensato intenta ponerte grilletes.
Actor secundario como James Coburn,
y feliz de cumplir en mi papel,
de no ser la cara principal
pero ser ese chaval que no sabrían que hacer sin él.

Quiero volver a hacer esas canciones;
regidas por libertad, por sensaciones,
lejos de opiniones, retractores de aficiones
que les pesa el nombre y no disfrutan de lo que compones.
Yo, escribo por necesidad, mas allá del que dirán
o lo que piense la disquera.
Escribo lo que querría escuchar
por ello tengo el alma llena y vacía en la nevera.
Artista qué más quisieran,
derrotista como el Charly, el pesimismo por bandera.

Es lo que tiene sentir, es lo que tiene soñar,
es lo que tiene que una mujer sea mi patria entera.
Un chico tímido, siempre huyendo de los focos
prefiere lo intimo y sabe ser feliz con poco.
Que en un escenario lo es todo, chico.
Bajo de él un tipo callado como Buster Keaton
soy complicado pero en cada puerto dejé buenas amigas,
y un puñao de hermanos,
pero adoro la soledad del escritor que cede ese regalo
y ese legado una vez muerto.

Y el tiempo será quien decida,
no esas críticas anónimas de caras escondidas
que no van a mermar mis ganas de luchar,
es mi modo de evitar que me pueda asfixiar la vida.
Y el tic tac será quien dicta y yo quiero pintar sonrisas y evitar momentos malos, heridas, cicatrices sobre todo ser felices que la vida es un regalo.

Y yo no quiero nada ni que nada cambie,
con mi música y mi gente me siento tan bien,
que no importa lo que fuera de mi diga quién.
quien me conoce sabe que doy el cien por cien,
y mírame en el ojo del huracán,
expuesto a las criticas y al que dirán,
pero mi sonrisa, chica nunca borrarán
y saben que mataré si juegan hoy con mi pan,
y solo quiero brindar,
más por los que se fueron por los que están,
por los que sufren mi parte creadora,
para los que yo siempre soy el actor principal.

Y me hacen dejar de odiar el mundo
y de odiarme, sobre todo lo segundo.
Me devuelven la confianza en las personas
y olvido esa sensación de asco por la que me culpo.
Y de nuevo tengo confianza en mí y renuevo mis ganas de escribir,
demostrarme ante el papel desnudo,
lejos de etiquetas, de marionetas y de escudos.
Si no escribo acabaré con todo,
si, esto es un tema de desahogo.

Necesito matar a mis demonios, necesita el Antonio un modo de huir del lodo,
huir de todo, de esas caras falsas que en el teatro del rap existen tantas,
que me hacen ir de vuelo deseando de volver a casa abrazar a quien me este esperando.
Volví a sonar que más dará los Royalty,
volví a soñar como Luther King Martin,
volví a mostrar heridas que compartir,
no soy un mártir no soy el hombre a batir.

Allá dónde las cámaras nunca enfocan,
allá dónde no notas si te equivocas,
allá donde da igual si vas a caer,
allá desempeño mi papel,
y es que cuando se baja el telón,
cuando se apagan los focos
es cuando empezará mi función,
llamadme enloquecido nadie nace loco.

Allá dónde las cámaras nunca enfocan,
allá dónde no notas si te equivocas,
allá donde da igual si vas a caer,
allá desempeño mi papel,
y es que cuando se baja el telón,
cuando se apagan los focos
es cuando empezará mi función,
llamadme enloquecido nadie nace loco.

Allá dónde las cámaras nunca enfocan,
allá dónde no notas si te equivocas,
allá donde da igual si vas a caer,
allá desempeño mi papel….

sábado, 12 de mayo de 2012

verdeANÁFORA


Verde esperanza. Verde hierba fresca, naturaleza mística que expande mi verde mente. Verde lo último que se pierde; esperanza. Verde esa mirada que ya no me mira. Verde botella, verde lujuria. Sinceridad de corazón. Verde fosforito que subraya mi vida. Verde luz, verde sombra. Verdes fantasmas y verdes fantasías. Verde que a mi alma muerde. Verde que vive y que mata. Verde que te quiero verde. Verde que todo lo pierde; verde que siente. Verde que quiero, tal vez quemado. Verde sangre. Verde sueño, nostalgia de cuando era pequeño. Verde dolor. Verde.

viernes, 11 de mayo de 2012

mitosyLEYENDAS#1


Cuenta la leyenda que en un lugar muy lejano, olvidado por los hombres,  hace mucho, mucho tiempo se encontraba Maro, un joven fuerte y atlético, de oscuros ojos y cabellos, corriendo como solía hacer siempre por el Bosque de las Ninfas. Maro era un joven de nerviosa sonrisa, inteligente pero muy despistado y esto muchas veces le traía un sinfín de problemas.

Esta leyenda habla de cuando Maro conoció a Carevo. Como siempre pasa con estas cosas los detalles son inciertos, pero cuentan las malas lenguas que Maro cayó inmediatamente prendido por la belleza de la ninfa en cuanto la vio y, en una gesta de gran valor, con el tiempo consiguió declararle su amor. Todo fue pasión y ternura, felicidad y risas al principio. Maro era feliz y ponía todo su empeño en satisfacer a su amada. Y estoy seguro de que lo consiguió.
Pero ya sabemos todos como son las ninfas, hermosas pero cambiantes y, según cómo, traicioneras. Fue así como un día de verano, Carevo, según cuentan, empezó a sentirse atada, arraigada a una tierra que, a pesar de amarla por ser suya no quería vivirla eternamente. La ninfa, seguramente ansiada por sus deseos de mundo cogió el corazón de Maro (que él mismo le había entregado) y se lo devolvió. Cuando el joven humano recogió su corazón de manos de su amada éste se resquebrajó,  se convirtió en arena y lentamente se le escapó de entre los dedos.

Desde aquel día Maro no volvió a ser el mismo. Personalmente me cuesta entender la pérdida del enérgico joven, pues no se sabía (ni se creía) artista y no me puedo llegar a imaginar que sintió roto. Pero el amor no son ni poemas, ni música ni pinturas. El amor son los pequeños detalles, momentos y recuerdos que jamás podrán ser borrados y que yacerán siempre dentro de nosotros como parte de nuestro ser. Sea como fuere Maro perdió sus ganas y su fuerza, pues día y noche tan solo podía pensar en su pasado. A punto de quedar anclado en un recuerdo consiguió rehacerse pero ya jamás volvió a ser el mismo. No había pasión en sus actos y sentía un goce adulterado cuando hacía aquello con lo que siempre había disfrutado. En sus ojos no había brillo; eran tan oscuros como siempre y si te fijabas bien tan sólo veías un frío e inexpugnable vacío.

Aún hoy, tras los siglos que pasaron y por los que están por venir, el fantasma de Maro sigue correteando en penitencia por el bosque de las ninfas, consciente o no de que aún no ha olvidado a su amada Carevo. De vez en cuando ambos se reencuentra y Maro siente alivio en su pecho, calor; fuego que sin saberlo consume todo lo hecho para intentar olvidarla.
No recuerdo quien me contó esta historia aunque posiblemente fuera una voz demente en mi cabeza. No recuerdo si es real o fantasía, cierta o incierta. Maro puedes ser tú, un amigo, un conocido. Un hermano o un padre, quien sabe. Maro sufre y jamás entendí su dolor y desgraciadamente ahora empiezo a entender ese sinsabor.

Nota: por si no había quedado claro, el personaje de Maro no (repito: NO) está basado en mí.


Post Edit: No lo he hecho a propósito, pero resulta ser que Maro es una localidad Malagueña; casualidades de la vida... 

jueves, 10 de mayo de 2012

estoyHARTO

Estoy harto de los "no" y las alternativas que no llevan a ninguna parte. Estoy harto de que no paren de mostrarme puertas que se cierran en mis narices. Estoy harto de tantos cambios vertiginosos, de prepararme concienzudamente para algo que jamás llegará. Giros de ciento ochenta grados constantemente, inestabilidad, dudas. Noruega, Finlandia, ¿Austria? Ya no lo sé. Estoy harto de no saber que hacer. Ya estoy harto de perder el tiempo, de perder las cosas; de perderlo todo y no poder hacer nada...

historiasdeÉL#2


Habían pasado ya tres noches en las que apenas había dormido unas dieciocho horas en total. Por las mañanas él se levantaba descansado físicamente, dispuesto a seguir el camino que había tomado, pero mentalmente agotado.
Cada día caminaba esperando salir ya de aquellas tierras devastadas, pero no era consciente de si avanzaba o retrocedía. No tenía referencias en su camino, no había indicaciones ni señales en el trayecto. Pero seguía andando; esa era la única cosa que le quedaba. Durante el día el sol bañaba su blanca tez y le permitía ver con mayor claridad los socavones y piedras con las que podía tropezar. Era molesto pero al menos era consciente y en parte capaz de intentar esquivarlos. Bajo el cielo azul y el brillo del sol era capaz, en la medida de lo posible, de abstraerse de lo que le rodeaba y olvidar en parte sus preocupaciones. Pero cuando el sol caía y la noche era oscura, la débil luz de sus cigarros no le servía para ver más allá de su propia nariz. Era momento entonces de hacer un alto en el camino para descansar, para coger fuerzas para el nuevo día que estaba por llegar. Entonces empezaba el baile de sus fantasmas.
Dormido, abandonado a los caprichos de su subconsciente se veía inmerso de nuevo en nítidas proyecciones de sus recuerdos. Situaciones en parte bonitas; situaciones que seguramente le encantaría que se hicieran realidad pero que eran una pesada losa. Se despertaba siempre angustiado, con un regusto dulce en la boca y eso le confundía. Era consciente de que todo estaba acabado, de que era inútil intentar reconstruir ese imperio. No creo que nadie dude de que él no fuera capaz de hacerlo, nada más que, aunque lo lograra nada tendría sentido sin la musa. No habría vida, no habría la chispa que hacía girar al mundo. No habría pasión que alimentara el fuego.
Sabía que lo más sensato era salir de allí a pesar de que una parte minúscula de su ser aún deseaba algo imposible. Supervivencia sensata o muerte pasional. Ególatra de él prefería seguir vivo.

Al alba del cuarto día, tras un par de horas de camino, mientras aún pensaba vagamente en los fantasmas que se le aparecieron la noche anterior, empezó a nevar. No había nubes en el cielo y esa nieve no estaba fría. Aparecieron de la nada, en forma de copos de nieve, promesas pasadas de un periodo de vida que él había anhelado. Recuerdos de lo que pudo ser y no fue, de lo que jamás sería. Se sentó y pensó sobre ello; pensó que ese deseo tal vez sólo fuera una forma cobarde de escapar, pero también lo veía como una manera de demostrarse a sí mismo su valer. Había pasado poco tiempo y todavía quedaba mucho camino. Respiró hondo, siguió fumando de su incombustible cigarro y retomó el camino en silenciosa penitencia interior. 



miércoles, 9 de mayo de 2012

sinTÍTULO#1

Nuevos aires, olor a nostalgia,
recuerdos grabados en piedra caliza.
Humo de noche; no duermo de día
en busca de una conversación amiga, 
una misiva sin firma.
Sin rencor ni odio en el folio, 
avanzo consumiendo tinta como petróleo.
Sin referencias ni rumbo hacia un destino perdido.
Historias de ayer y de siempre, 
del hoy y el mañana.
Nuevos aires, nuevos tiempos.
Antiguas las heridas.
Nota: Está huérfano de título. Se aceptan propuestas.

historiasdeÉL#1

Como ya pasara en anteriores ocasiones de su vida él volvió a su estado primitivo. Entonces un niño, luego un adolescente; ¿un hombre ya ahora?... Como fuera, tras el dolor que provocan las musas, cuando lograba comprender ese dolor se vaciaba de emociones por dentro y emprendía un camino para volver a hacerse a si mismo.


Tras el llanto silencioso, la penitencia interior y el dolor, a la tercera noche se alzó y dio el primer paso en busca de su nuevo ego. Como ya pasara en anteriores ocasiones de su vida, el punto de partida era siempre similar: las ruinas devastada por lo que él llamaba "la tragedia de las musas"; el imperio hecho añicos que con tanta pasión había esculpido su anterior yo.
Con su inquieta mirada, siempre atenta a su alrededor, tomaba instantáneas de la tragedia. Era una imagen que le aterraba profundamente. Recordaba la primera vez que se vio en esa situación. Apenas empezaba a entenderse a si mismo y se encontró de golpe en medio de semejante masacre. Su corazón le bombeaba sangre impregnada de terror a un ritmo inhumano. Tardó semanas en reaccionar al miedo y lograr escapar. Pero esta vez era distinto, sentía un gran alivio en su pecho. Lo notaba vacío pero fresco y lleno de espacio.

La brisa que correteaba se llevaba el humo de lo que aún ardía. Ya no había fuego en su interior, y si lo había ya no le quemaba las entrañas. Inspiró hondo y emprendió su viaje. Se sentía un trozo de arcilla al que debía darse forma. Con su libreta en la mano, llena de historias que sus alter-ego habían inventado para sus respectivas musas con tanta pasión, se recordaba sus muchos pecados y virtudes. Historias de amor, correspondido y no, de sueños imposibles, de demencia y pequeñeces. Historias de su vida vistas desde el prisma por el que sólo él podía (o se quería) a mirar.
Pese a tantas historias ya escritas, lo que más le reconfortaba, lo que realmente le aliviaba todos sus males era la cantidad de hojas por escribir que quedaban en su libreta. La promesa de nuevas historias le embriagaba. Como ya pasara en anteriores ocasiones de su vida, emprendió el viaje, rumbo a nosedónde* con la esperanza de que ese camino le llevara a una musa que quisiera cumplir esas promesas.

*palabro

Por si a alguno le interesa (permítanme dudarlo) puede haber más de éste, pero no sé cuándo.